miércoles, 18 de noviembre de 2009

DESIERTO


En la memoria surge como un relámpago el amable recuerdo,
de unos ojos oscuros que al reflejarme leían mi alma.
Y el corazón que bravo se juzgaba se abate sin sentido,
ante la distante y sigilosa presencia de quien supo amarme.

Mi cuerpo se quiebra como tierra desolada y yerma,
anhelante y sediento del torrente sereno de sus besos.
Me consumo febril y delirante en la espera del regreso,
de quien era mi sosiego generoso y el faro en mis tormentas.

Mis manos se aprisionan entre si en busca de las caricias.
que apartaban de mi camino la cruel y amarga soledad.
Ese bendito sortilegio que podía tornar una noche desolada,
en una mañana festiva, mezcla preciosa de estrella y lira.

Mi boca se resiste a renunciar a los besos que me dabas,
y que guardo como un avaro terco en el cofre de mis labios,
con el dulce anhelo del pronto retorno del bien amado,
a reclamarlos como recompensa a la ternura entregada.

El amor jugó conmigo la más infame de las cartas,
sin derecho a la defensa me dejó contenida en la nada,
engalanada de lamento y tristeza preguntando a cada instante,
porque él no me llevo cuando se fue en compañía de la muerte.

jueves, 12 de noviembre de 2009

CRIMEN DE AMOR


Aunque no lo aceptes el tren de nuestro de amor
esta llegando a su última y triste estación.
Ya no hilamos esos bonitos sueños que nos exaltaban,
y tu último pensamiento hace mucho no soy yo.

Nuestra cama, añejo castillo defensor de nuestros deseos,
se convirtió en el sepulcro frío donde reposan nuestros cuerpos,
que la rutina diaria al pintarnos en la cara esos gestos agrios,
condenó al exilio sin que pudiéramos evitarlo ni defendernos.

Por eso se hace necesario que alguno ejecute el primer paso,
y cause la herida que parece nos matará,
pero tal vez mañana consentirá que los recuerdos,
lastimen menos y quizás hasta nos permitan sonreír.

Hoy aunque no lo esperas hundiré en tu espíritu,
el puñal feroz de la ausencia y el adiós,
Estrujaré en mis manos mis caricias con saña,
hasta que sangren mis dedos junto a mi corazón.

Clausuraré mi boca para que no se dispersen mis besos,
¡justo ellos que nacieron para morir en tus labios!.
A mi cuerpo lo clavaré en la cruz del desafecto,
como amargo sacrificio sobre el altar de nuestras vidas.

Secaré el río de mi llanto y cerraré para ti el valle fértil,
de mi cuerpo que precisa de tu rocío para existir.
Y cuando tus ojos afligidos me miren sin entender,
vestiré mi mirada de tinieblas de agonía.

Y cuando te vayas quizá maldiciendo entre dientes,
el haberme querido tanto y que hoy te hiera tan profundo,
me derrumbaré de rodillas implorando clemencia al cielo,
por el brutal crimen cometido hacia nuestro amor.

domingo, 8 de noviembre de 2009

NO DIGAS QUE ME AMAS


No digas que me amas si percibes que no es cierto,
no utilices esas palabras como blandos arietes,
para derribar las defensas de mi alma aún herida,
que de tu juego frívolo y peligroso me separan.

No digas que me amas y derrames sobre mi piel,
esas voces como si fueran pétalos de rosas.
Recuerda que las rosas tienen feroces espinas,
y son quienes desgarran la fe de las creen en ti.

No digas que me amas si sabes que no es cierto,
no olvides soy una mujer y siento muy profundo.
Y quizás me confunda como una niña ilusionada,
para caer rendida a tus pies rogando que me ames.

No digas que me amas y sonrías de esa manera,
¡asombrosa y dulce cadena que a ti me sujeta!
No permitas que tu cuerpo al mío lo provoque,
no ignoramos que todo es una simple travesura.

Yo fui amada sin conocer los límites del goce y la ternura,
y llevo todavía en mi cuerpo las señales de sus manos,
por eso te propongo… no exclames que me amas,
porque del amor tú no entiendes nada.

domingo, 1 de noviembre de 2009

MAGIA NOCTURNA


PARA JUAN CARLOS QUIROGA

En la vieja esquina la magia nocturna entrelaza las sombras,
de los muros sin colorear y las luces pálidas de las farolas.
La luna desde su reino ermitaño e impasible escolta mi andar,
por esas calles donde quedaron partes del hombre que soy.

En los añejos balcones de cortinas viejas y flores secas,
se esconden los rumores fantasmales de esas promesas,
pronunciadas con el ímpetu de los pocos años vividos,
con la pasión de un beso robado y el adiós que no supe decir.

Esta noche los ojos se me pintaron de ausencias y tristezas,
de mi boca se desbandan los besos que guardé sin saberlo,
para aquella muchacha de figura aromada y ojos grandes,
que apasionada me brindó por vez primera su ternura.

En la irregular vereda aún retumban mis pasos con prisa,
rumbo al encuentro con los amigos que me esperaban,
impacientes en compartir esas horas donde la alegría y la pena,
se parecían tanto en el fondo de un vaso de vino.

Mis manos acarician como al descuido el antiguo banco,
de esa plaza donde a mis espaldas le crecieron fuertes alas,
y para muchos de los que amé fue el lugar elegido,
donde la muerte cabalgando el olvido los vino buscar.

Esta noche esas lágrimas que oculto en mi interior herido,
surgen en el fulgor de mi mirada que sorprendida se detiene.
Porque entre las sombras me sonríe el fantasma de quien,
la congoja de un mal amor se llevó de viaje para siempre.

Emprendo el retorno hacia mi presente con paso fatigado,
por esas calles que caminé sin temor en la adolescencia.
Al pasar frente al ventanal del viejo café donde solía escribir,
descubro con asombro que a mi lado vagan varios espectros.

miércoles, 21 de octubre de 2009

EL INMORTAL


PARA ARTURO


La frágil mortal susurra entre sueños juramentos de amor,
mientras las tenues sábanas apenas abrigan su cuerpo desnudo.
Aún persisten sobre su piel los signos de la pasión que dejaron,
las manos tibias de ese extraño peregrino de palabras breves.

Se había extraviado en la hermética mirada oscura,
que escondía el infierno de antiguas heridas sin sanar aún,
y creyó, la pobre mortal enamorada, hallar en esos ojos,
las promesas que su corazón anhelaba escuchar.

Nada expresaba mientras ella le concedía sus sueños,
solo bebía con afán el néctar de esa boca fresca.
Junto a esos besos la despojaba del alma, dulce maná divino,
generoso alimento que le permitía conservar su infinitud.

El inmortal la miraba dormir con ojos plenos de compasión,
tratando en vano labrar en su memoria ese rostro adormecido,
para que su presencia lo escoltara en su camino de regreso,
pero sabía que todo sería inútil, porque jamás sería eterna.

Pronto se iría, dejándola a la deriva con su corazón roto,
sabía que, tal vez, maldijera haberlo conocido.
Pero no podía detenerse de su búsqueda sin fatigas,
de ese hechizo que le devolviera sus emociones perdidas.

La mortal lo llamó entre sueños y su deseo volvió a despertar,
quizás era tiempo de probar de nuevo del río de su sexo.
La soledad y la tristeza que guardan el camino del inmortal,
se sentaron sigilosas en la vereda a esperar su regreso.





martes, 20 de octubre de 2009

ÁNGEL CAÍDO



El ímpetu del averno resplandece inagotable en tus ojos,
espada llameante que se abate feroz sobre los ánimos frágiles,
de aquellas que solo anhelan ser acogidas por tus alas,
ángel penado por la eternidad a ir detrás de una ilusión sin rostro.

Posees el espíritu enérgico que viene de tu alma de guerrero,
y la ternura misteriosa de las caricias buenas de los niños.
Son tus palabras, arietes que intentan derribar las cumbres,,
que aprisionan las almas temerosas sin ansías de libertad.

Entregas sin mesura en el altar de las pasiones tu cuerpo,
para que sea el alimento liberador de las que sufren soledad.
Y escondes tus lágrimas como tesoros en el abismo de tu ego,
aterrado que las heridas del pasado vuelvan a doler.

Con ardor vives los días como si fuera el último de tu goce,
rasgando las cadenas que te sujeten a la rutina.
Te alzas como un gigante atronador reclamando sin piedad,
la cesión absoluta de las ilusiones que una mujer oculta.

Por eso, mi ángel desterrado, desde mi exilio te observo,
feliz de saber que en mi senda tu huella dejaste.
Que en el aire aún persiste de tu piel su aroma perpetúa,
y mi memoria guardará siempre la belleza de tu triste mirada.

jueves, 8 de octubre de 2009

DUELE


No lastiman los vacíos que en el tiempo provoca la distancia,
ni duelen las palabras que la duda contiene en nuestra historia.
Hace daño tu indiferente apatía que permitió mi llanto escapar,
sin que el alivio de tus gestos llegará para darme consuelo.

No hace daño la ausencia de tus besos en mi boca deseosa,
ni tus caricias que no rozaron a mi piel con frío.
Duele haber recorrido mi camino sin rumbo alguno,
mientras el faro de tu afecto se apagaba para mi.

No duele la huida del brillo febril que el amor,
en el instante de la pasión nos sombreaba los ojos.
Lastima haber necesitado de tus hombros y no gozarlos,
cuando las murallas de mi seguridada se abatieron.

No duele saber que estas lejos y no me sientes,
que ni por un segundo la memoria me lleva a tu lado.
Daña hasta desgarrar mi confianza con la daga de la tristeza,
la soledad que hiciste tan real por vez primera.